Lo que prometen cinco estrellas cuando cae la noche
Un cinco estrellas nunca cierra del todo. La recepción está atendida toda la noche, un portero vigila la entrada, el servicio de habitaciones sigue cogiendo el teléfono a las tres, y un conserje encuentra un coche, una farmacia o un sastre a casi cualquier hora. Para una visita nocturna, eso importa más que el mármol. Nunca hay una puerta cerrada que negociar ni un código que pasar, y una visita entra en un vestíbulo pensado para recibir a la gente, no para mantenerla fuera. El personal de estas casas considera la discreción una habilidad profesional, y ve cada noche un flujo constante de visitas a las habitaciones de los huéspedes: amigos que quedan para cenar, compañeros que llegan con documentos, estilistas, chóferes cargados de bolsas de compras. Una visita que cruza ese vestíbulo a las once forma parte de una noche corriente allí.











