Las visitas son una parte normal de la vida de un hotel
Los hoteles siempre han recibido visitas. Los huéspedes invitan a compañeros a subir para repasar una presentación, a amigos a compartir una botella antes de cenar, a familiares a ver las vistas, y a sastres, chóferes y entrenadores personales durante una estancia de trabajo. Las recepciones de Ámsterdam lo ven cada noche, y sus normas están escritas en torno a tres preocupaciones: la seguridad del edificio y de sus otros huéspedes, el número de personas que de verdad duermen en cada habitación, y el ruido. Casi ninguna de esas normas tiene que ver con lo que una visita y un huésped hacen tras una puerta cerrada, y al personal ni se le pide ni le interesa preguntárselo. Entender eso es la clave de todo el asunto. Una visita que respeta las medidas de seguridad del edificio, en la que nadie se queda a dormir sin avisar y que no molesta a nadie, encaja sin problema en las normas de casi todos los hoteles de la ciudad.











